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Investigación-acción
 
 
 
 
 
 
 
EL MÉTODO DE iNVESTIGACIÓN-ACCIÓN

Cuando Horacio Berretta da inicio a la formación del Centro Experimental de la Vivienda Económica (CEVE) y a la Asociación de Vivienda Económica (AVE) estaba movido más por impulsos hacia la trasformación de la calidad de vida de quienes vivían en condiciones de precariedad que por una formación científica.

Sin embargo, basado en inquietudes y sentimientos, contagiando al resto de su equipo con el fuego del asombro y la pasión necesarios para producir conocimientos que trasformen, aunque sin salir de una visión realista y racional, introdujo en las actividades institucionales, no sabemos si a partir de otras experiencias o por intuiciones propias, el método que conocimos como investigación-acción.

¿De qué se trataba? ¿Lo tenía claro y definido el arquitecto Berretta? Probablemente ni él ni quienes constituían su grupo hubieran podido explicarlo con la precisión que se requiere en el campo de la ciencia. Pero confiaron y creyeron en las posibilidades de su aplicación y antes de desgastarse en discusiones y elaboración de definiciones se pusieron a trabajar.

Han pasado muchos años, en estos meses se cumplen cuarenta, y el método de investigación–acción ha sido el sendero por el cual transitaron AVE y CEVE, el camino que quieren seguir transitando.

Hasta aquí la historia, más humildemente la anécdota. Ahora metámonos en la camisa de once varas de las explicaciones, de procurar describir qué ha sido desde entonces y qué entendemos hoy por el método de investigación–acción en la disciplina del hábitat.

La investigación en hábitat

La ciencia clásica y sus métodos expulsaron al sujeto de los procesos y desarrollaron experiencias “lo más objetivas posibles”; en cierto modo sacrificaban todo por una sed del “conocimiento por sí mismo”. Esto, sin embargo, más allá de su importancia y de sus logros, puede resultar peligroso. La ciencia no debería existir pura; sin haberlo expresado conceptualmente tal vez, la visión que aplicamos desde el inicio de las actividades institucionales fue percibirla como parte de una cultura que comporta una visión del mundo, un modo de percibir lo real. Esto implicó desechar la idea de la experimentación pura de laboratorio para estudiar el “fenómeno” en su escenario, sociedad y entorno.

En este sentido, la percepción de la investigación en ciencias sociales (dentro de las cuales se inscribe el hábitat popular) es que precisan de un estudio combinado para comprender el “problema” en su real dimensión. Pero aun así queda por definir qué tipos de “problema” quieren la ciencia y la tecnología resolver y de qué modo atenderlos. En este sentido adherimos al enfoque del canadiense Ian Hacking, quien postuló que no siempre son los avances teóricos los que determinan el progreso del conocimiento sino el “hacer de los inventores y el intervenir de los técnicos”. Además, en el caso de la investigación referida al hábitat popular, el método deberá ser el resultado de una práctica y una intervención que tengan el objetivo expreso de colaborar con necesidades concretas.

La investigación en el ámbito del hábitat popular debe girar, prioritariamente, alrededor de las carencias de los sectores sociales establecidos en la pobreza. ¿Cómo introducirnos en el problema si no es a través de acciones concretas, las únicas que pueden dar la medida de la situación, las potencialidades y las limitaciones de todos los actores involucrados, incluyéndonos?

La investigación en hábitat popular no posee ningún valor si no constata con evidencias reales que el conocimiento producido mejora situaciones iniciales. Requiere de una visión compleja y exige que los límites de su trayectoria no se piensen reducidamente: hábitat es objeto, sujeto y entorno, son todas las relaciones entre ellos, y es también su historia. Y el valor es cero si su construcción no tiene como resultados la utilidad social. Como tantas veces se ha dicho en relación a diversos campos del conocimiento, también es válido expresar, en relación a las ciencias sociales, que “la vida nos enseña más que los textos”.

La experiencia institucional

En distintas oportunidades hemos discutido, internamente, si actuar es lo primero y, luego, sobre la acción realizada, se debe iniciar la reflexión correspondiente que nos introduzca en la investigación; o si, a partir de una reflexión inicial en profundidad, una vez culminado el proceso de análisis sistemático, recién entonces, es válido plantearse la acción. También consideramos la simultaneidad entre la acción y la investigación.

La dilucidación de esta disyuntiva nos condujo, en la práctica, a no definir qué es primero y qué es después, sino a aprovechar las oportunidades según las circunstancias: utilizar una acción necesaria y posible para solucionar problemas de una comunidad y luego extraer de ella la experiencia recogida, o bien, sacar partido de un proyecto de investigación aprobado, imponiéndonos la misión de aplicar, luego, sus resultados en acciones concretas. Es que la realidad no engendra una sola posibilidad, sino varias, las que han de ser descubiertas en el análisis de cada presente pues algunas sólo es posible descubrirlas después y no antes de su realización.

Nuestro concepto de investigación  y de innovación tecnológica prioriza la atención de necesidades concretas a partir de percepciones y demandas, generadoras de acciones. Y produciendo acciones. De esta manera, la práctica de unos, trasmitida, se convierte en el conocimiento ilustrado de otros, que adoptan lo mejor de ellas. Por este camino la acción, sumada a la reflexión, puede convertirse en teoría y servir de base a nuevas y mejores acciones.

Por otra parte, nuestra mirada sobre la producción social del hábitat sostiene que no alcanza con la materialización de vivienda e infraestructura para lograr la trasformación de las comunidades atendidas; además, es necesario que las políticas científico-tecnológicas interactúen con las políticas de inclusión social.

En muchos casos, desde la acción obtuvimos conocimientos provenientes del saber popular que luego, mediante un método creativo de reflexión, nos ha permitido sistematizarlos, mejorarlos y propagarlos. Desde la acción se puede construir mejor un pensamiento que conjugue el saber popular con el saber erudito, trasformando, como dice Villasante, el “sentido común” en “buen sentido”.

El método de investigación-acción, tal como lo entendemos, considera todos los razonamientos anteriores; algunos surgieron como intuiciones y fueron confirmados o modificados sobre la marcha; también es cierto que numerosas hipótesis quedaron por el camino, pero pudieron ser descartadas, precisamente, porque se las puso en práctica: esto también es aportar al conocimiento.

En síntesis, el método que ha sostenido y sostiene las actividades institucionales procura llegar a innovaciones tecnológicas que resuelvan necesidades tangibles de la sociedad.

(Este trabajo
 se nutre de una acumulación de intercambios y reflexiones
 entre los integrantes de la Institución
 durante cuarenta años de experiencias,
más algunos conceptos
 basados en trabajos de varios autores).