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Campaña de acción contra la pobreza

Objetivos del milenio
A mitad de camino
Un mismo día, dos circunstancias
Documento base

Declaración Plataforma Argentina

 
 
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A MITAD DE CAMINO

A los países que sufren las consecuencias de la pobreza se les exige la responsabilidad de alcanzar SIETE de los ocho objetivos fijados por las Naciones Unidas. Pero estos SIETE objetivos son consecuencias (una vez más el compromiso se les encomienda a las víctimas) de una organización que los poderosos del mundo imponen, siempre de manera violenta, mediante diferentes formas de violencia: desde la corrupción política a través de coimas y presiones económicas de distinto tipo hasta intrusiones solapadas utilizando poderes militares locales o intervenciones directas con ejércitos propios o disfrazados bajo paraguas internacionales.

No obstante esta objeción inicial, consideramos que medir el grado de cumplimiento (de incumplimiento en la mayoría de los casos) de los siete primeros objetivos es válido y necesario. Porque larguísimos años de frustraciones nos autorizan a desconfiar de gobiernos que se apresuran a firmar declaraciones ampulosas, aparentemente cargadas de buenas intenciones, pero sin la correspondiente voluntad política para cumplirlas; es que intentar ser fieles a trabajar por el respeto efectivo de los objetivos del milenio significa enfrentar intereses muy poderosos, combatir privilegios arraigados, asumir riesgos para los cuales, generalmente, se carece del coraje suficiente y de la convicción necesaria.

Disminuir las siete consecuencias que mencionamos al principio no deja de ser una tarea noble, pero atacar las causas es la única misión digna de la historia. Lamentablemente, debemos ser conscientes de que los países pobres no podrán alcanzar los siete primeros objetivos a menos que los países ricos cumplan con sus responsabilidades, descritas en el objetivo 8, y que tiene algunos aspectos centrales: aumentar la ayuda brindada al desarrollo (sin trampas), aliviar la deuda (contraída mayormente por gobiernos corruptos y que no sirvió para beneficio de los pueblos), y, sobre todo, brindar oportunidades de comercio justo, mediante la eliminación de aranceles y subvenciones al sector agrícola de sus propios países, ventajas que impiden a los agricultores de los países pobres la posibilidad de ganarse la vida decentemente.

Podríamos extendernos en consideraciones y análisis sobre cada uno de los siete objetivos iniciales, pero hoy, a mitad de camino en el tiempo, aunque muy lejos de haber alcanzado la mitad de las metas, queremos llamar la atención sobre el octavo. Queremos señalar la responsabilidad que tiene el peso de la deuda externa; queremos señalar la responsabilidad de los ajustes estructurales que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial exigen a los países deudores, obligándolos a recortar sus presupuestos de salud y de educación; queremos señalar las políticas de la Organización Mundial de Comercio que presiona hacia la privatización de estos servicios.

En cuatro párrafos quisimos expresar una breve reflexión sobre los Objetivos del Milenio sin analizar ni debatir sus alcances. Aunque también sus alcances son dignos de objeciones que no podemos dejar de mencionar. Primero, sobre la pertinencia de los objetivos: ¿es aceptable que los gobiernos del mundo hayan decretado, el 08 de setiembre de 2000, que en el año 2015 cientos de millones de ciudadanos de la Tierra continuarán padeciendo hambre? Segundo, sobre una contradicción esencial: el objetivo 1 dice “erradicar la pobreza extrema y el hambre”, pero la meta 2, relacionada con dicho objetivo expresa “reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, el porcentaje de personas que padezcan hambre”, o sea que, para dichos gobiernos, erradicar no es erradicar sino apenas reducir. Tercero, sobre las posibilidades de cumplimiento: para no extendernos, una sola mención, según el Secretario General de la FAO, Jacques Diouf, en las actuales condiciones el objetivo 1 no se alcanzará en 2015 sino en 2150 (la diferencia son apenas 135 años).